13th Sunday of Ordinary Time—C2007
Luke 9: 51-62
Deacon Lee Hunt (St. Monica)

No More Excuses

I want to begin my homily by having the choir sing the first verse and refrain of “Here I Am, Lord.” Listen carefully to the words and listen for God’s call to you.
 

[Here I am, Lord.]

For many years I sang this song during Mass. Once the refrain would begin, I would get so choked up that I couldn’t sing any more. I knew that God was calling me. Initially I had excuses, but finally relented and used my secular organizational and financial skills by serving on parish and finance councils in various parishes. Later I had a major conversion experience and immediately began serving on an evangelization board. I had little of the needed skills, but was convinced that God would qualify me. Eleven years ago I said “yes” to the call of being a deacon, only after initially saying “no.” In this calling, God sure had some qualifying to do.

And yet calls to new ministries still go on. Whenever I get comfortable, I hear another knock on the door. I’ve come to the conclusion that God continues to call us to ministry until we are in the ground.

People in the Bible responded to God’s call in various ways. Moses first told God that he was “slow of speech,” so God gave him Aaron as his mouthpiece. So much for that excuse!

God called the Jeremiah to prophesy and he also had an excuse, saying, “I know not how to speak; I am too young.” God replied, “I am with you to deliver you.”

Then there is Elisha in today’s first reading. He initially hesitated with an excuse to become the prophet Elijah’s replacement. But quickly Elisha disposed of his plow and oxen, the very tools of his trade, and went full blast ahead.

New Testament responses to follow Jesus varied. The first thee disciples called in the Gospel of Mark made no excuses, but immediately dropped their fishing nets and followed Jesus. However, other followers had lots of excuses since they found Jesus’ teachings too hard.

In today’s gospel Jesus teaches that to follow him requires a definite response, not a wishy-washy one. One’s family and job must not get in the way, such as burying the dead or saying farewell to family at home.

By our very baptism each one of us is called to Christian ministry to witness, serve, and realize the kingdom of God. If we are baptized how are we responding to this call? Do we have to leave our family behind? Do we have our own special excuses that are holding us back?

Here is a model of how one can do this. In each of our lives we must strive for the priority of God being #1, family being #2, then job being #3, and everything else that we do being last. There must be a balance between all four and none can be left out.

If we put our personal relationship with God first in our lives, we will have a better relationship with our family. Then with a solid family relationship, we can go to work and do a better job. With these three priorities in good shape, the rest of our life can fall into place. For me, being a deacon falls into forth place, for how can I do my ministry as deacon if I do not have a good relationship with God and family.

A final excuse to responding to God’s call to ministry might be: Why does the church need me? After all, we do have Fr. Tim and two deacons. Quick math provides the answer. We have three clergy for about 3,000 parishioners. That is 0.1%. So, don’t hold your breath waiting for the clergy to get it done. It won’t get done unless you help.
 
We have a Stewardship Board to help us discern where we can use our time and talent to help build up God’s kingdom. Our website is full of information to help evaluate opportunities.  Just to get the juices flowing, here are a few of them.

For liturgy, we need ushers, communion ministers, singers, and musicians at four weekend Masses, as well as at weddings and funerals.
For education we need teachers for RCIA, adult education, youth groups, and religious education of children.
For outreach we need assistance in fulfilling the material and spiritual needs within and outside of our parish.
And for our community, we need ministers to lead special interest groups.

Still got an excuse? Can’t find a ministry? If so, see me after Mass.
 


Domingo Trece en Tiempo Ordinario
Lucas 9: 51-62

No Más Excusas
    
Para empezar mi homilía, quiero que el coro cante el primer verso y el estribillo de “Aquí estoy, Señor.” Escuchen las palabras con cuidado y oigan la llamada que les da el Señor a ustedes.

Aquí Estoy, Señor
        Yo, Señor, de cielo y mar,
        al que llora he de escuchar
        A los que sufriendo están,
        Quiero salvar.

        Yo, que de la oscuridad
        Cada estrella hice brillar
        ¿Quién mi luz podrá mostrar?
        ¿Quién me seguirá?

        Aquí estoy, Señor, ¿He me aquí, Señor?
        En la noche escuché tu voz.
        Guía a mi, Señor, yo te seguiré
        En mi corazón a tu pueblo guardaré.

Durante muchos años yo canté este himno durante la Misa. Yo sabía que Dios estaba llamándome. Al principio, daba excusas, pero por fin me rendí a la llamada y usé mi talento financiero y mi aptitud para organizar con servir en consejos financieros de la parroquia. De inmediato empecé a servir en un consejo de evangelización. Yo tenía poca de la destreza necesaria, pero estaba convencido que Dios me capacitaría. Hace once años que dije “Sí” a la llamada a ser diácono, pero sólo después de primer decir “No.” En esta llamada, Dios tendría bastante para capacitar.

Todavía vienen llamadas al ministro de la iglesia. Cuando empiezo a sentirme cómodo oigo otro golpe en la puerta. He concluido que Dios sigue llamándonos al ministro hasta que ya estemos enterrados.

La gente de la Biblia respondía a la llamada de Dios de varios modos. Moisés primero le dijo a Dios que era lento de habla, así es que Dios le dio a Aarón como porta voz. A moisés no la valió su excusa de ser lento de habla.

Dios llamó a Jeremías a profetizar, y él también se excusó diciendo, “Yo no sé hablar, porque soy niño.” Dios respondió, “Contigo estoy para librarte.”

Luego está Eliseo en la primero lectura de hoy. Inicialmente vaciló con una excusa de reemplazar a Elías. Pero muy pronto Eliseo se deshizo de su arado y sus bueyes, la herramienta de su comercio, y se lanzó a toda marcha a su objetivo.

Las respuestas en el Nuevo Testamento para seguir a Jesús varían. Los primeros tres discípulos en el evangelio de Marcos no dieron excusas, sino que inmediatamente dejaron sus redes y siguieron a Jesús. Sin embargo, otros seguidores tenían muchas excusas a causa de creer que las enseñanzas de Jesús eran muy difíciles.

En el evangelio de hoy, Jesús enseña que el seguirlo requiere respuestas definitivas, no vacilantes. La familia y el trabajo no deben entrometerse, así como enterrar a los difuntos o despedirse de la familia en casa.

Por medio de nuestro bautismo, cada uno de nosotros es llamado al ministro de la Cristiandad a ser testigo, servir, y realizar el reino de Dios. Si estamos bautizados, ¿cómo estamos respondiendo a esta llamada? ¿Dejamos a nuestra familia atrás? ¿Tenemos nuestras excusas especiales que nos impiden el avance?

He aquí un modelo de cómo uno puede seguir a Jesús. En cada una de nuestras vidas debemos esforzarnos para que en prioridad Dios es número uno, la familia número dos, el trabajo número tres, y cualquier otra cosa que hacemos, el último número. Debe haber un equilibrio entre las cuatro, y ninguna puede ser omitida.

Si ponemos nuestra relación personal con Dios primero en nuestras vidas, tendremos mejores relaciones con nuestra familia. Luego, con una relación sólida con la familia, podemos ir al trabajo y obrar mejor. Con estas tres prioridades en buena forma, el resto de nuestras vidas se pondrán en orden. Para mí, ser un diácono cae en el cuarto lugar, porque, ¿Cómo puedo cumplir con mi ministro si no tengo buenas relaciones con Dios y mi familia?

Una última excusa en responder a la llamada de Dios al ministro puede ser: ¿Por qué me necesita la iglesia a mi? Al fin y al cabo, tenemos al Padre Tim y a dos diáconos. Un cálculo rápido a la respuesta: tenemos tres cleros para más o menos tres mil parroquianos. Eso nos da cero punto un por ciento. Así es que, no contengan la respiración esperando que los cleros lo hagan todo. No se va a hacer todo sin la ayuda de cada uno do ustedes.

Tenemos un consejo de administración que nos asiste a distinguir dónde podemos poner el tiempo y el talento para ayudar en aumentar el reino de Dios. Nuestro sitio en la computadora está lleno de información para asistir en evaluar las oportunidades.

Para entusiasmarlos, mencionaré unos pocos:

Para la liturgia, necesitamos acomodadores, ministros para la comunión, cantantes, y músicos para cuatro Misas del fin de semana, además de para bodas y funerales.

Para la educación, necesitamos maestros para el programa de educación religiosa para adultos, otra educación sólo para adultos, para grupos de jóvenes, y educación religiosa para los niños.

Para la extensión parroquiana, necesitamos ayuda en cumplir con las necesidades materiales y espirituales dentro de y afuera de la parroquia.

Para nuestra comunidad, necesitamos ministros para encabezar grupos de intereses especiales.

¿Todavía tiene una excusa? ¿No puede hallar un ministro? Si así es, véame después de la Misa.