17th Sunday of Ordinary Time—C2007
Luke 11: 1-13
Deacon Lee Hunt (St. Monica)

Give Us Each Day Our Daily Bread

My mother taught me to pray the “Our Father” when I was a very young child about 68 years ago. I was also taught the “Hail Mary” and the “Glory Be,” all in English. But now, I also pray the “Our Father” in Spanish every Sunday at the 1:00 p.m. Mass with people who migrated to the United States from Mexico, Central America, and South America. I know people at St. Monica who grew up in Peru in the cities of Lima, Chiclayo, Sullana and even Piura where we do missionary work.

Sometimes when we pray, we do so very automatically, not really thinking about the words of the prayer. That’s okay when we are praying the rosary because the automatic prayers allow us to concentrate on the mysteries of our Lord.

However, my visits to Piura and nearby villages always make me think more deeply about one part of the “Our Father:” “Give us each day our daily bread.”

Everyone needs daily bread to survive. We also need sufficient daily bread for our body’s proper nutrition so that we can fight off sickness and be able to work to support our families.

When missionaries go to Piura each year, they discover that there are people who do not have enough food to properly feed their families. The missionaries come from countries where there is too much daily bread. So, it is the people whom the missionaries serve who provide missionaries with experiences to see what they can do to help change the imbalance of food in the world. If missionaries do not already sponsor a family in Piura, then they usually begin doing so as soon as they return home. Often, this leads them to find other ways that they can also provide a better distribution of material goods in the world.

Many families from Piura, who live on less than $2 per day, need someone to sponsor them.

Not everyone in the United States has enough daily bread. Actually, one in eight people live below the poverty line. From the experience that Piurans give to missionaries, they often return home and begin helping those in their own city and state. Many of us in the Oklahoma City area have heard of Sister Barbara Joseph who visited Piura two years ago. She now leads a ministry called Sister BJ’s Pantry that cares for the homeless in the center of Oklahoma City.

So far, I have talked about sharing material goods. But, for missionaries, the spiritual gifts that Piurans share with them are much more significant. By being together as brothers and sisters with the Piurans, the missionaries believe that they receive more than they give. Piurans allow missionaries to deepen their relationship not only with their families and neighbors, but also with God himself. This is why some missionaries return each year to Piura so as to better learn what they so graciously teach.

Caring better for those close to home at St. Monica is beginning to take place through a steering committee that is looking at the feasibility of starting a free medical clinic sponsored by the parish.

We were somewhat blinded by the medical needs around our parish until a Spanish language Mass began about three years ago. As the Hispanic community grew from about 50 to 300 people, the acute medical needs of some in this community became apparent.

We are now considering a free medical clinic that will serve everyone in our in our community. Limitations to care are yet to be decided, perhaps by considering only those with no medical insurance.

We need to mesh unmet medical needs of our community with what can be supplied through our medical volunteers. We need to hear more details about the medical needs from those in our Edmond community. We also need to hear from those in our medical community who are willing to volunteer time.

In our own country as well as in our Edmond community there is a very uneven distribution “each day of our daily bread.” Each one of us is challenged to make this distribution more equitable.

We are also challenged to help others join us in our distribution of daily bread at the altar by sharing our faith and inviting them to join us.


 
17º Domingo Ordinario—C2007
Lucas 11: 1-13
Diácono Lee Hunt (S. Monica)

Danos Hoy Nuestro Pan de cada Día

Mi mamá me enseñó a rezar el “Padre Nuestro” cuando yo era un niño como sesenta y ocho años atrás. También me enseño el “Ave María” y el “Gloria,” todo en Inglés. Pero ahora, yo rezo el “Padre Nuestro” en Español todos los Domingos a la una de la tarde con la gente que ha inmigrado de México, Centroamérica, y Sudamérica. Conozco gente en Santa Mónica que ha crecido en el Perú en las ciudades de Lima, Chiclayo, Sullana y en Piura donde hago mi trabajo de misionero.

Alguna veces cuando rezamos, lo hacemos tan automáticamente, sin pensar en las palabras de la oración. Eso puede ser bueno cuando rezamos el rosario porque las oraciones automáticas nos permiten concentrarnos en los misterios de nuestro Señor.

Sin embargo, mis visitas a Piura y las villas cercanas me hacen pensar siempre mas profundamente sobre una parte del “Padre Nuestro:” “Danos hoy nuestro pan de cada día.”

Todos necesitamos el pan de cada día para sobrevivir. También necesitamos suficiente pan diario para la nutrición apropiada de nuestro cuerpo para combatir enfermedades y poder trabajar para abastecer a nuestras familias.

Cuando los misioneros van a Piura cada año, ellos descubren que hay gente quienes no tiene suficiente comida para alimentar apropiadamente a sus familias. Los misioneros vienen de países de los cuales tienen mucho pan de cada día. Entonces, es la gente a quienes los misioneros ayudan quienes proveen con experiencias para que ellos vean qué pueden hacer para cambiar el desequilibrio de comida en el mundo. Si hay algún misionero que todavía no ha adoptado una familia en Piura, ellos lo hacen el momento que vuelven a los Estados Unidos. Muchas veces, esto sirve para que ellos encuentren otras maneras de proveer una mejor distribución de bienes en el mundo.

Muchas familias de Piura, quién vivo en menos de dos dólares por día, necesitan ser adoptadas.

No todos en los Estados Unidos tienen suficiente pan de cada día. Actualmente, una en ocho personas vive al borde de la pobreza. De la experiencia que los Piurianos dan a los misioneros, muchas veces cuando ellos vuelven empiezan a ayudar a la gente en nuestra propia ciudad y estado. Muchos de nosotros hemos escuchado de la Hermana Barbara Joseph quien visitó Piura hacen dos años. Ella ahora encabeza un ministerio llamado “Sister BJ’s Pantry” la cual probé ayuda a los desamparados sin techo en Oklahoma City.

Hasta ahora, he hablado sobre bienes materiales. Pero, para los misioneros, los regalos espirituales que los Piurianos comparten con ellos son mas significante. Reuniéndonos como hermanos y hermanas con los Piurianos, los misioneros creen que ellos reciben más de lo que dan. Los Piurianos permiten que los misioneros profundicen su relación no solo con sus familias y vecinos, pero con Dios mismo. Es por eso que los mismos misioneros vuelven cada año a Piura para aprender mejor lo que cortésmente enseñan.

Ayudar mejor a las personas de nuestro medio en Santa Mónica está empezando a través de un comité de dirección el cual está estudiando la posibilidad de abrir una clínica medica gratis apadrinada por la parroquia.

Estábamos un poco ciegos a las necesidades médicas en nuestra parroquia hasta que empezamos la Misa en Español tres años atrás. Con el crecimiento de la comunidad Hispana de cincuenta a tres-cientos personas, las necesidades médicas de algunos en esta comunidad se hicieron aparente.

Estamos ahora considerando una clínica medica gratis que serviría a todos en nuestra comunidad. Los límites de ayuda no han sido todavía decididos, posiblemente consideraremos aquellas personas sin seguro médico.

Necesitamos conectar las necesidades medicas de nuestra comunidad con lo que nuestros voluntarias médicos pueden proveer. Necesitamos saber mas detalles sobre las necesidades medicas de aquellas personas en la comunidad de Edmond. Hablen con Carmen Snow sobre esto. Necesitamos escuchar de aquellas personas en nuestra comunidad médica quienes están dispuestos a dar su tiempo de voluntarios. Por favor conversen conmigo. Nuestros teléfonos y correos electrónicos están en el boletín.

En nuestro país como en nuestra comunidad de Edmond hay una distribución muy desnivelada del “pan nuestro de cada día.” Cada unos de nosotros estamos siendo desafiados para hacer esta distribución mas justa.

También estamos siendo desafiados a ayudar a los demás a juntarse con nosotros en la distribución del pan de cada día en el altar para compartir nuestra fe invitándolos a reunirse con nosotros.