Lent 2—B2003
Mark 9: 2-10
Deacon Lee Hunt (St. Monica)

Building Up the Kingdom at the Bottom of the Mountain

I think that some of us have had mountaintop experiences in our lives. I’m thinking about big transformative experiences such as what occurred for Peter, James, and John in today’s gospel reading. Such experiences cause us to have a change of heart and to change what we do. Three experiences stand out for me. The first occurred when I lived a Cursillo weekend in 1995. Up until then I had pretty much just gone to church. I was suddenly awakened and became a very active part of my parish community. My next mountaintop experience occurred when I was ordained in 1999. And as usual, God wasn’t done with me yet. Next he guided me to Peru for the first time in 2003 for another mountaintop experience. Thanks be to God, I’ve been able to climb that mountain again in a different way every summer since then.

Up to this point in the gospel of Mark, Jesus’ disciples have been following him and watching what he does. What they were seeing was a human-looking Jesus who was mostly healing people and telling them not to tell anyone because he didn’t want to become known just as a healer. In earlier passages Jesus had healed a blind man and told him not to return to his village; he told deaf man—that he healed—to tell no one; and he told leper—that he cured—to tell no one anything.

Jesus also had told his disciples that he would suffer greatly, be killed, and rise after three days. What kind of human leader would this be? So to help his followers experience more, he took Peter, James, and John to a mountaintop to reveal his divinity. And even after that experience, Jesus wanted it to be a secret until after he had risen from the dead, because only then would his followers be able to understand that he was the Son of God.

After the transfiguration, Jesus’ followers had to leave their mountaintop experience and descend down the mountain to continue to follow Jesus and to do the more mundane things of building up the kingdom.

During Lent, the deeper meaning of Mark’s narrative is that even after moments of transcendence and transformation, we must come back to earth, continue to hear the voice of Jesus, and follow him on the way to the cross.

We cannot continue to live on a mountaintop but have to come down. My Cursillo weekend ended and I had to return to the regular world. But when I did I was more ready to follow Jesus and help build up his kingdom. After I was ordained, I had to fulfill the three ministries of a deacon: teacher, charity and justice, and liturgical preparation and celebration. And of course, after returning from Peru every summer, I come down from that mountaintop to the common everyday life here in Edmond.

All of us have hopefully had a mountaintop experience in our lives. But, like Peter, James, and John we cannot remain there, but have to come down to wherever we spend most of our regular lives. Jesus’ disciples did their part 2,000 years ago and we must do ours in our home, school, place of work, in the parish, and wherever we connect with God’s people.

At baptism, our ears were blessed to hear the word of God, and our mouth was blessed to proclaim the word of God. So how is our proclamation going? Are we telling people about the way to salvation or do we need to seek a mountaintop experience to set ourselves in motion?

Any of us can share our experience of God just by telling our personal experiences. After all, they are our own actual experiences and they are not wrong.

However, I think we are all challenged eventually to move beyond just telling our experiences. Personally, I know this is difficult to do unless we move beyond what we learned during confirmation. We should learn more about our faith with adult ears by seeking adult formation classes that are offered in our parish, local community, and archdiocese. This only seems appropriate because some of us have spent many years becoming educated and experts in the fields by which we make our livings. Sometimes we get off track building up a kingdom of material things rather than preparing for eternal life.

We all will have a few opportunities to go up that mountain and meet our God. But, most of our lives will be spent in the trenches of ordinary life where God calls us, just like he called his initial followers, to help build up the kingdom. During this season of Lent we are called to re-examine how we are responding to God’s call.



II Domingo de Cuaresma
Marcos 9: 2-10
Diácono Lee Hunt (Santa Monica)

Construyendo el Reino a los Pies de la Montaña

Historia
Al transcurso de nuestras vidas, algunos de nosotros, yo pienso, hemos tenido experiencias extraordinarias. Estoy pensando acerca de las experiencias transformadoras como las que les ocurrió a Pedro, a Santiago y a Juan en el evangelio de hoy. Aquellas experiencias causó que tengamos un cambio en nuestro corazón y cambiar como actuamos. Tres experiencias se destacan para mí. Mi primera experiencia ocurrió cuando viví mi Cursillo en el año mil novecientos noventa y cinco (1995). Hasta ese entonces yo solamente asistía a Misa. De repente desperté  y me volví una persona activa en mi comunidad parroquial. Mi próxima experiencia sucedió  cuando me ordené de Diácono en el mil novecientos noventa y nueve (1999). Como ocurre usualmente, Dios tenía algo mas para que yo haga. Después el me guío al Perú por la primera vez en el dos mil tres (2003) para otra experiencia. Gracias a Dios, yo he podido escalar esa montaña una y otra vez cada verano.

Conexión
Hasta este punto en el evangelio de San Marcos, los discípulos de Jesús lo han estado siguiendo y observando lo que él hace. Lo que ellos veían era el lado humano de Jesús que se pasaba la mayoría del tiempo curando a la gente y diciéndoles que no digan a nadie porque el no quería convertirse en un curandero solamente. En los pasajes anteriores Jesús había curado a un hombre ciego y le dijo que no vuelva a su aldea; le dijo al hombre sordo-a quien curó-que no diga a nadie; y le dijo al leproso-a quien curó-que no diga a nadie.

Jesús también le dijo a sus discípulos que el  sufriría mucho, que lo iban a matar, y que resucitaría después de tres días. ¿Qué clase de líder humano sería este? Así que para ayudar a sus seguidores a que vean mas de su lado humano, el llevó a Pedro, a Santiago y a Juan a la cumbre de una montaña a revelar su lado divino. Y aun así después de ésta experiencia, Jesús quería que esto fuese un secreto hasta después de su resurrección, porque solamente entonces sus seguidores podrían comprender que el era el Hijo de Dios.

Después de la transfiguración, los seguidores de Jesús tuvieron que dejar atrás sus experiencia en la cumbre de la montaña y bajar de la montaña para continuar siguiendo a Jesús y hacer cosas terrenales para edificar el reino.

El significado profundo del relato de San Marcos durante la Cuaresma es que aún después de momentos de trascendencia y transformación, debemos volver a la tierra y continuar a escuchar la voz de Jesús, y a seguirlo en el camino a la cruz.

Invitación
No podemos continuar viviendo en la cumbre de una montaña debemos descender de ella. Mi fin de semana de Cursillo terminó y tuve que volver a mi mundo regular. Pero cuando volví estaba mas listo para continuar a seguir a Jesús y ayudar a edificar su reino. Después de que fui ordenado, tenía que cumplir los tres ministerios de diácono: amor, palabra y liturgia. Y por supuesto, cuando yo vuelvo del Perú cada verano, yo bajo de la cumbre de la montaña a mi vida común y diaria aquí en Edmond.

Espero que todos nosotros hemos tenido experiencias maravillosas en nuestras vidas. Pero, como Pedro, Santiago y Juan no podemos permanecer allí, pero tenemos que descender a las cosas de nuestras vidas regulares. Los discípulos de Jesús hicieron sus parte dos mil años atrás y nosotros debemos hacer lo nuestro en nuestros hogares, escuela, lugar de trabajo, en nuestra parroquia, y en cualquier otro lugar que nos conectamos con Dios.

En nuestro bautizo, nuestro oídos fueron bendecidos para que escuchemos la palabra de Dios, y nuestras boca fue bendecidas para proclamar la palabra de Dios. Entonces, ¿Cómo va nuestra proclamación? ¿Estamos diciendo a la gente acerca del camino a la salvación o necesitamos buscar una experiencia en la cumbre de una montaña para ponernos en acción?

Cualquiera de nosotros podemos compartir nuestra experiencia con Dios comentando nuestras experiencias personales. Después de todo, aquellas son nuestras experiencias actuales y no están equivocadas.

Sin embargo, yo pienso que estamos desafiados para movernos mas allá de solamente compartir nuestras experiencias. Personalmente, esto es difícil a no ser que vamos mas allá de lo que aprendimos durante nuestra confirmación. Debemos aprender mas acerca de nuestra fe como adultos buscando clases de formación para adultos que son ofrecidas en nuestra parroquia, nuestra comunidad local y arquidiócesis. Esto parece ser  apropiado porque alguno de nosotros hemos pasado años en ser educados y expertos en  campos en los cuales trabajamos. Algunas veces nos salimos fuera de la línea construyendo un reino de cosas materiales en vez de preparar para la vida eterna.

Todos tendremos algunas oportunidades para ir a la montaña y encontrar a Dios. Pero, la mayoría de nuestras vidas la pasaremos en las trincheras de nuestras vidas ordinarias donde Dios nos llama, así como llamó a sus primeros seguidores, para ayudar a edificar el reino. Durante esta estación de Cuaresma somos llamados a re-examinar como estamos respondiendo al llamado de Dios.