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¿CASUALIDAD O
CAUSALIDAD?
La ciudad vivió una
auténtica fiebre de martes por la noche
La multitudinaria y coincidente
respuesta obtenida por una serie de actividades artísticas y
culturales programadas para la víspera del feriado de ayer invitan
a pensar que la gente tiene ganas de salir, aunque, a veces, no
tenga con qué.
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| El titular de la ABAP, Néstor
Carrizo, agradece la respuesta obtenida por los
premios Clio. (Miguel
González-LNP) | | |
¿Habrá sido una
simple casualidad que una serie de actividades programadas en
nuestra ciudad en la víspera de un feriado supremo y total como el
de ayer hayan cosechado tanto éxito que, literalmente, dejaron
público afuera? O tal vez, aún en
la diversidad temática de estas propuestas, este dato objetivo y
contundente, quiera decir algo. En
este caso, para muestra no basta con un simple botón y si se
pretende hilar un poco más fino quizás haya que ejercitar un poco
más la inteligencia en la búsqueda de denominadores comunes que
permitan aproximar una explicación de lo
sucedido. ¿En qué pueden parecerse
la proyección de algunos de los mejores cortos publicitarios del
mundo, el debut de una joven cantante de esplendorosa voz ofreciendo
un repertorio de "pop" lírico y la disertación de un apreciado
filósofo vernáculo? La primera
respuesta es en nada. En condiciones normales, en una ciudad de
estas dimensiones, perfectamente puede haber público para las tres
cosas. La segunda va un poco más
allá, y podría decir algo así como que cada una de ellas superó las
mejores expectativas de convocatoria que sus respectivos
organizadores tuvieron al momento de buscar espacios en donde
desarrollarlas. La tercera quizá
sea más filosa: a nadie escapa que las actuales no son "condiciones
normales", entonces no es un detalle que se pueda dejar pasar por
alto que este trío de acontecimientos referidos, prácticamente, no
se cobró entrada salvo la donación de alimentos no perecederos en
beneficio de un comedor comunitario en uno y la contribución
voluntaria de una cifra módica en otro.
¿Será lo ocurrido una
corroboración fáctica de que, como muchos sospechan, el ánimo de la
gente, sus ansias de ser, compartir y existir, todavía y a pesar de
todo, aún se sitúa varios escalones por encima que el nivel de
disponibilidad que ofrecen sus
bolsillos? Lo ideal sería que en un
futuro cercano el nivel del segundo subiera hasta acercarse lo más
posible al primero. Mejor no
autoflagelarse imaginando el escenario si la ecuación llegara a
invertir su sentido y el espíritu se devaluase tanto como el
peso. Aunque lamentablemente
posible, semejante situación, esta vez, no viene al caso.
La mejor publicidad del
mundo "Y pensar que en una
época se decía que la gente aprovechaba las tandas publicitarias
para ir al baño", bromeó pero no mucho uno de los sorprendidos
"postulantes" a espectador de la proyección de los premios Clio que,
por obra y gracia de la Asociación de Agencias de Publicidad de
nuestra ciudad se ofrecieron en la sala mayor del complejo
Cinemacenter. La cola esperando por
un lugar se extendía desde la entrada a la sala hasta bien adentro
de la casa de juegos electrónicos ubicada en el mismo primer piso
del Bahía Blanca Plaza
Shopping. Los calculadores a
"ojímetro" que nunca faltan, concluyeron que hubiera hecho falta
otro cine más y aún así hubiera quedado afuera gente con ganas de
ver "los Oscar de la publicidad
mundial". Gratificados por tamaña
respuesta, los organizadores, primero acomodaron a los invitados
especiales, después se cuidaron de llenar muy bien hasta el último
asiento y cuando no quedó ninguno libre, salieron a ofrecer la
posibilidad de situarse en el piso y las escalinatas, alternativa
aceptada por muchos jóvenes deseosos de disfrutar del singular
espectáculo. Eso sí, también
prometieron agotar todas las posibilidades a su alcance para ofrecer
una nueva función en un corto
plazo. Si además de los que no
pudieron entrar, quienes sí lo lograron hacen funcionar el famoso
efecto "boca a boca" --a juzgar por lo satisfecha que salió la gente
con lo que vio-- no es descabellado esperar otra buena respuesta de
público. Remedios para
el alma Después de la
aceptación cosechada por sus presentaciones al aire libre en la
última temporada montehermoseña, la joven soprano bahiense Valeria
Mangano se decidió a ofrecer por primera vez un espectáculo ante el
público de su ciudad. Ella misma se
encargó de organizar su propio concierto. Preparó un repertorio,
convocó músicos y dentro de sus expectativas, decidió que la
acogedora sala Payró ubicada en el primer piso del Teatro Municipal
era un sitio acorde. Casi con un
poco de vergüenza de su parte, decidió cobrar una entrada a precio
módico para solventar algunos gastos
operativos. "Es mejor una sala
chica a reventar que una grande a medio llenar", reza un viejo
adagio del mundo del
espectáculo. Lo cierto fue que la
sala chica no sólo reventó sino que entre los que consiguieron un
asiento y los que llegaron sobre la hora y no encontraron lugar,
perfectamente, hubiera alcanzado para que la sala mayor presentara
un aspecto más que
aceptable. Definitivamente, la voz
de que hay entre nosotros una chica con una gran voz, parece haberse
corrido más que lo habitual... A
juzgar por la agradecida ovación que Valeria recibió al finalizar el
concierto, no es injusto que así haya sido y también en este caso ya
se evalúa la posibilidad de repetir la experiencia dentro de muy
poco tiempo, apostando por una sala
mayor. Finalmente, no por repetido
puede dejar de citarse el caso de las denominadas "conversaciones
filosóficas", un ciclo que con el sigilo que lo caracteriza tanto
como su voluntad, el filósofo Héctor Omad viene llevando a cabo en
instalaciones del Instituto Superior Juan
XXIII. Ante la acuciante situación
por la que atraviesa el comedor comunitario "Don Zatti" y a juzgar
por la buena cantidad de público que se reunía en cada charla, en
ámbitos salesianos a alguien se le prendió la lamparita: "¿Y si para
la próxima pedimos que los que puedan traigan un alimento no
perecedero?" En las horas previas a
la cita, y ante la cantidad de actos programados para el mismo día,
no faltó quien se asustara y temiera por un naufragio de una idea
que venía creciendo lenta pero
consistente. "Encima, esta vez la
hacemos en el Aula Magna donde caben más de 450 personas",
susurraron desde el departamento de Relaciones Institucionales y
Extensión Cultural del
instituto. La respuesta a tan poca
fe quedó plasmada bastante antes de la hora señalada cuando en la
sala ya no cabía ni un alfiler, no se conseguía estacionamiento en
dos cuadras a la redonda, los interesados en escuchar al profesor se
acomodaban hasta en los pasillos como podían y, casi lo mejor de
todo, las cajas habilitadas para recolectar los donativos,
terminaban resultando insuficientes y hubo que salir corriendo a
buscar más. Es de esperar que con
estos datos objetivos, extraídos de la realidad, cada quien pueda
despejar interrogantes y elaborar una conclusión saludable: todavía
hay vida a pesar de la crisis. Tal
vez sea vida en crisis, pero es vida al fin.
Gustavo
Mandará
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