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  Bahía Blanca • República Argentina jueves 2 de Mayo de 2002  
 
¿CASUALIDAD O CAUSALIDAD?

La ciudad vivió una auténtica fiebre de martes por la noche

La multitudinaria y coincidente respuesta obtenida por una serie de actividades artísticas y culturales programadas para la víspera del feriado de ayer invitan a pensar que la gente tiene ganas de salir, aunque, a veces, no tenga con qué.

  
El titular de la ABAP, Néstor Carrizo, agradece la respuesta obtenida por los premios Clio. (Miguel González-LNP)
     ¿Habrá sido una simple casualidad que una serie de actividades programadas en nuestra ciudad en la víspera de un feriado supremo y total como el de ayer hayan cosechado tanto éxito que, literalmente, dejaron público afuera?
     O tal vez, aún en la diversidad temática de estas propuestas, este dato objetivo y contundente, quiera decir algo.
     En este caso, para muestra no basta con un simple botón y si se pretende hilar un poco más fino quizás haya que ejercitar un poco más la inteligencia en la búsqueda de denominadores comunes que permitan aproximar una explicación de lo sucedido.
     ¿En qué pueden parecerse la proyección de algunos de los mejores cortos publicitarios del mundo, el debut de una joven cantante de esplendorosa voz ofreciendo un repertorio de "pop" lírico y la disertación de un apreciado filósofo vernáculo?
     La primera respuesta es en nada. En condiciones normales, en una ciudad de estas dimensiones, perfectamente puede haber público para las tres cosas.
     La segunda va un poco más allá, y podría decir algo así como que cada una de ellas superó las mejores expectativas de convocatoria que sus respectivos organizadores tuvieron al momento de buscar espacios en donde desarrollarlas.
     La tercera quizá sea más filosa: a nadie escapa que las actuales no son "condiciones normales", entonces no es un detalle que se pueda dejar pasar por alto que este trío de acontecimientos referidos, prácticamente, no se cobró entrada salvo la donación de alimentos no perecederos en beneficio de un comedor comunitario en uno y la contribución voluntaria de una cifra módica en otro.
     ¿Será lo ocurrido una corroboración fáctica de que, como muchos sospechan, el ánimo de la gente, sus ansias de ser, compartir y existir, todavía y a pesar de todo, aún se sitúa varios escalones por encima que el nivel de disponibilidad que ofrecen sus bolsillos?
     Lo ideal sería que en un futuro cercano el nivel del segundo subiera hasta acercarse lo más posible al primero.
     Mejor no autoflagelarse imaginando el escenario si la ecuación llegara a invertir su sentido y el espíritu se devaluase tanto como el peso.
     Aunque lamentablemente posible, semejante situación, esta vez, no viene al caso.

La mejor publicidad del mundo
     "Y pensar que en una época se decía que la gente aprovechaba las tandas publicitarias para ir al baño", bromeó pero no mucho uno de los sorprendidos "postulantes" a espectador de la proyección de los premios Clio que, por obra y gracia de la Asociación de Agencias de Publicidad de nuestra ciudad se ofrecieron en la sala mayor del complejo Cinemacenter.
     La cola esperando por un lugar se extendía desde la entrada a la sala hasta bien adentro de la casa de juegos electrónicos ubicada en el mismo primer piso del Bahía Blanca Plaza Shopping.
     Los calculadores a "ojímetro" que nunca faltan, concluyeron que hubiera hecho falta otro cine más y aún así hubiera quedado afuera gente con ganas de ver "los Oscar de la publicidad mundial".
     Gratificados por tamaña respuesta, los organizadores, primero acomodaron a los invitados especiales, después se cuidaron de llenar muy bien hasta el último asiento y cuando no quedó ninguno libre, salieron a ofrecer la posibilidad de situarse en el piso y las escalinatas, alternativa aceptada por muchos jóvenes deseosos de disfrutar del singular espectáculo.
     Eso sí, también prometieron agotar todas las posibilidades a su alcance para ofrecer una nueva función en un corto plazo.
     Si además de los que no pudieron entrar, quienes sí lo lograron hacen funcionar el famoso efecto "boca a boca" --a juzgar por lo satisfecha que salió la gente con lo que vio-- no es descabellado esperar otra buena respuesta de público.
     
Remedios para el alma
     Después de la aceptación cosechada por sus presentaciones al aire libre en la última temporada montehermoseña, la joven soprano bahiense Valeria Mangano se decidió a ofrecer por primera vez un espectáculo ante el público de su ciudad.
     Ella misma se encargó de organizar su propio concierto. Preparó un repertorio, convocó músicos y dentro de sus expectativas, decidió que la acogedora sala Payró ubicada en el primer piso del Teatro Municipal era un sitio acorde.
     Casi con un poco de vergüenza de su parte, decidió cobrar una entrada a precio módico para solventar algunos gastos operativos.
     "Es mejor una sala chica a reventar que una grande a medio llenar", reza un viejo adagio del mundo del espectáculo.
     Lo cierto fue que la sala chica no sólo reventó sino que entre los que consiguieron un asiento y los que llegaron sobre la hora y no encontraron lugar, perfectamente, hubiera alcanzado para que la sala mayor presentara un aspecto más que aceptable.
     Definitivamente, la voz de que hay entre nosotros una chica con una gran voz, parece haberse corrido más que lo habitual...
     A juzgar por la agradecida ovación que Valeria recibió al finalizar el concierto, no es injusto que así haya sido y también en este caso ya se evalúa la posibilidad de repetir la experiencia dentro de muy poco tiempo, apostando por una sala mayor.
     Finalmente, no por repetido puede dejar de citarse el caso de las denominadas "conversaciones filosóficas", un ciclo que con el sigilo que lo caracteriza tanto como su voluntad, el filósofo Héctor Omad viene llevando a cabo en instalaciones del Instituto Superior Juan XXIII.
     Ante la acuciante situación por la que atraviesa el comedor comunitario "Don Zatti" y a juzgar por la buena cantidad de público que se reunía en cada charla, en ámbitos salesianos a alguien se le prendió la lamparita: "¿Y si para la próxima pedimos que los que puedan traigan un alimento no perecedero?"
     En las horas previas a la cita, y ante la cantidad de actos programados para el mismo día, no faltó quien se asustara y temiera por un naufragio de una idea que venía creciendo lenta pero consistente.
     "Encima, esta vez la hacemos en el Aula Magna donde caben más de 450 personas", susurraron desde el departamento de Relaciones Institucionales y Extensión Cultural del instituto.
     La respuesta a tan poca fe quedó plasmada bastante antes de la hora señalada cuando en la sala ya no cabía ni un alfiler, no se conseguía estacionamiento en dos cuadras a la redonda, los interesados en escuchar al profesor se acomodaban hasta en los pasillos como podían y, casi lo mejor de todo, las cajas habilitadas para recolectar los donativos, terminaban resultando insuficientes y hubo que salir corriendo a buscar más.
     Es de esperar que con estos datos objetivos, extraídos de la realidad, cada quien pueda despejar interrogantes y elaborar una conclusión saludable: todavía hay vida a pesar de la crisis.
     Tal vez sea vida en crisis, pero es vida al fin.

Gustavo Mandará




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